Rondeños en el exilio

Continuación del segundo artículo "Cuando la mitad de los rondeños fueron refugiados" de la serie: "Ronda 1936: 80 aniversario del golpe de estado"

Después de emprender la huida, muchos rondeños unieron su suerte a la de la República. Estas son las historias de tres familias rondeñas que sufrieron las consecuencias del destierro, diferentes en su resolución pero similares en su dramatismo.
 

Antonio López del Río. En la casa de Jerónimo López reina la paz y la tranquilidad que su avanzada edad agradece. Con su lúcida conversación me cuenta el devenir de la familia en aquellos días de absoluta incertidumbre:
“Mi padre era masón, secretario de la Logia Gautama. Él sabía que eso era motivo suficiente para ser eliminado, así que no se lo pensó mucho: nos marchamos todos camino de la costa (4 hijos y el matrimonio). A la altura del Madroño, ya no se podía seguir pero conseguimos unas bestias, que el montejaqueño Pedro López puso a nuestra disposición, y llegamos a Málaga. Allí paramos poco, mi padre consiguió meternos a todos en un barquillo de cabotaje hasta Alicante. Y de allí fuimos a parar a Elda donde pasamos la guerra. Mi padre había arreglado los papeles para marcharnos a Méjico, pero a última hora se lo pensó y se dejó llevar por su intuición: yo no me voy, me vuelvo a Ronda y que pase lo que sea. El mismo día del regreso se hospedaron en una pensión en la ciudad a la que fueron a buscarle para detenerle. Estuvo unos cuantos años en la Prisión Central de Burgos junto a la flor y nata de la Masonería española. Finalmente lo soltaron, pero aún tuvo que pasar un tiempo confinado en las cercanías de Antequera, hasta que por fin pudo reunirse con nosotros en Ronda.”
Miguel Rengel Reina. Oriundo de Sierra de Yeguas, regentaba "La Hispanoamericana", un comercio en mitad de la Carrera Espinel. Fue masón en la Logia Gautama, concejal por Izquierda Republicana y alcalde interino de la ciudad. Su hija, Lolita Rengel, cuenta en su libro de memorias [1], los inolvidables momentos de la huida familiar en Septiembre del 36:
“... muy temprano en la mañana mi padre comenzó a dar voces: -Como puedas Lola, ¡vámonos!, ¡vámonos! -Pero si ni siquiera me he vestido, no nos podemos ir así... -¡Como sea Lola!, ¡como sea, que esto no puede esperar! Recuerdo a mi madre corriendo desesperada de un lado para otro de la casa cogiendo cosas sin sentido, todo lo que se encontraba a su camino, para después soltarlo con desaliento (...) Yo sólo sentía miedo e incertidumbre.“
“Salimos de Ronda por las montañas por veredas que nos parecieron impenetrables, pero era eso o la muerte; ya que por la carretera era imposible pasar pues estaban ametrallando... Después supimos que ahí murió mucha gente.”
“La estrategia de mi padre y de muchas familias en nuestra situación, fue ir subiendo en el mapa para evitar a los fascistas que seguían avanzando, más que una estrategia era lo que miles y miles de familias se vieron orilladas a hacer.”
Desde Málaga, la familia Rengel viajó en tren hasta Valencia, y de allí hasta Barcelona. Allí nació el quinto hijo de los Rengel, a pesar de los continuos bombardeos la vida seguía su curso:
“Rigurosamente, cada noche antes de acostarnos, mi madre ponía siempre la ropa, los zapatos y el abrigo al lado de la cama, por si teníamos que salir corriendo. Yo tenía 6 años... ahí terminó mi infancia...”
“... nuestra familia había tenido el temple, la fuerza y quizás también un poco de suerte para mantenerse unida. Pero después de tanto esfuerzo, un día llegó el último recurso: había que separarse para sobrevivir ”.
Así fue como Miguel se marchó con su hermano Paco a Francia con la esperanza de que terminada la guerra, habría amnistía y podría regresar pronto a por su familia. Pero no fue tal y como él imaginó. Miguel fue apresado e internado en la playa de Argelés, tiempo después consiguió un pasaje en el buque Mexique que le llevó hasta el país azteca.
Su familia permaneció al cuidado de su cuñado Pepe, guardia de asalto que consiguió tras un feroz empecinamiento montar a Lola Campos y a sus cinco hijos en el barco Magallanes rumbo a Cuba, desde donde algo más tarde un nuevo viaje les llevó al encuentro con su marido en Veracruz.

La historia de la familia Rengel siendo dramática tuvo un final al que podemos considerar feliz, probablemente por una inquebrantable voluntad de permanecer unidos pasara lo que pasara. Otros en cambio, como mi abuelo Eduardo de Hoyos Domingo, no consiguieron reunirse con sus familiares y hubieron de pasar un larguísimo exilio a la espera que el dictador muriera. Cosa que evidentemente ocurrió, pero después de la suya.

Republicanos presos arrumbiados en las playas de Francia
Diego Castaño Jurado, era un zapatero afiliado a la CNT. Las tropas de los nacionalistas no le cogieron en Ronda, como millares de vecinos huyó por la carretera de San Pedro. Iba acompañado de su mujer, su madre, su hermana y cuatro niñas menores de edad. Llegaron como pudieron hasta Málaga donde se
alojaron en una casa abandonada cercana al cine Echegaray. Allí aguantaron hasta la caída de la ciudad en Febrero del 37, donde de nuevo tuvieron que echarse a los caminos huyendo del horror de la guerra. Tuvieron suerte y escaparon de la matanza que Queipo de Llano preparó en la carretera de la muerte, camino de Almería [2]. Finalmente llegaron a Barcelona donde la familia se estableció hasta la entrada de las tropas de Franco en la ciudad, en febrero del 39. A Diego no le agarraron tampoco esta vez, pero tuvo que dejar a su mujer y familia en la ciudad. Él fue internado en los campos de prisioneros franceses a pie de playa. Su familia fue devuelta a Ronda donde sólo con la ayuda familiar pudo aferrarse a la subsistencia y salir adelante. Un tiempo después, él salió del campo de Bram deportado al tristemente famoso campo de exterminio nazi de Mauthausen. Gracias a su oficio pudo escapar de allí [3] y tiempo después consiguió establecerse en París como zapatero ortopédico. En el año 49, mandó a por su familia, aunque ya la vida había girado lo suyo para todos y se reunió con cinco de sus hijos en la capital gala. Muerto el dictador, volvió a Ronda en Noviembre del 76. La muerte le sobrevino un par de años
más tarde cuando acariciaba la idea de volver a España y establecerse en Barcelona.

La familia de Diego Castaño en el año 1949

Estos son sólo tres testimonios que he podido recoger de sus familiares directos. En el tintero quedan otros, como el vivido por José García Torres (Pepillo Reki), que aún está con nosotros y que recuerda nítidamente el peculiar calvario sufrido por su familia tras la huida de Ronda. A pesar de todo, relata con buen humor sus idas y venidas como combatiente y lo que le costó rehacer su vida en la ciudad tras penar en batallones de castigo por haber defendido la legalidad republicana.

Merecen una especial mención aquellos rondeños que padecieron la más espeluznante de las experiencias de destierro. Me refiero a las seis personas de nuestra ciudad que fueron internados en campos de exterminio nazi y brutalmente asesinados [4].

En homenaje a todos ellos he querido escribir estas líneas, para reparar su memoria y rescatarlos del olvido, para que los tengamos presentes y sepamos la verdad de lo ocurrido durante y después de la Guerra Civil; para que valoremos las consecuencias que trajo para millones de personas ésa guerra absurda; en definitiva: para reivindicar de una vez por todas que se haga justicia con las víctimas del franquismo.

Referencias y notas:
[1] "Del Olivo al Agave". Lolita Rengel Campos. 2015.
[2] "El crimen de la carretera Málaga-Almería". Norman Bethune. Publicaciones Iberia.
[3] Hay varios casos parecidos recogidos en el artículo: "El talento me salvó de Mauthausen".
[4] "Rondeños en Mauthausen". Faustino Peralta. Memorias de Ronda, nro.2. 2006.

Serie de artículos "Ronda 1936: 80 aniversario del golpe de estado"
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