La represión franquista

(Serie de artículos "Ronda 1936: 80 aniversario del golpe de estado")
Continuación del articulo Violencia revolucionaria y represión en la ciudad (1ª parte)

La lucha por Ronda.

Finalmente las tropas que esperaba el Registrador confluyeron a las puertas de Ronda el 16 de Septiembre desde tres puntos y quedaron al mando del general africanista Varela para el asalto. El comité de Defensa había fortificado las entradas a la ciudad con alambradas electrificadas y varias construcciones defensivas para impedir el avance enemigo. Contaban con una fuerza de 885 hombres, no todos armados, de los cuales dos tercios eran milicianos. Sin embargo, según recoge el informe realizado el 15 de Septiembre por el comandante de Infantería, Francisco Mejide, leal a la República y al mando de las fuerzas defensoras, sólo había 164 efectivos en la plaza si se descontaban los destacados en otros servicios.

Informe de efectivos en Ronda el 15 de Septiembre
Archivos de Varela, Cádiz.

Por la mañana la aviación rebelde bombardeó la ciudad, cortando el flujo eléctrico a las alambradas. Los asaltantes, muy superiores en número y experiencia, tras cierta resistencia se impusieron rápidamente.

Varela comunicó al día siguiente a Queipo el parte de guerra en el que daba cuenta de haber causado a los enemigos numerosos muertos y que la resistencia había huido a la desbandada. Por su parte, el capellán castrense de la columna Redondo, Bernabé Copado, reconocía la matanza que el ejército sublevado realizó en Ronda:
“... fue tan rápida la ocupación de la ciudad, que a muchos forajidos no les dio tiempo a ponerse a salvo y pagaron con la muerte...” [Ref3]
En esos primeros meses de lucha, el procedimiento habitual era la aplicación del bando de guerra con el que se “legalizaba” la eliminación apresurada de alguien, sin control ni garantía legal de ninguna clase. [Nota2].

Tras la ocupación la ciudad quedó a merced de los mercenarios del Tabor de Regulares y de algunos paramilitares fascistas que se tomaron la justicia por su mano, saqueando, violando y asesinando con absoluta impunidad a quien fuera denunciado de haber colaborado con los “rojos”.

Dicho caso queda perfectamente ilustrado por el comportamiento del hermano del referido Secretario del Ayuntamiento. Agustín Carande, destacado dirigente falangista extremeño, se enteró de la muerte de su hermano el 17 de Septiembre del 36 y se desplazó hasta Ronda con el también falangista Manuel Martín Infante, un delincuente manifiesto. Las actividades de saqueo y abuso a las que se dedicó Carande junto con un grupo de falangistas de la ciudad se recoge en un auto de procesamiento abierto por el Juzgado Militar de Badajoz. Entre los documentos aportados a la causa contra Carande y otros por un asunto relacionado con una estafa de joyas, figura un informe reservado del delegado de la Jefatura Territorial de Falange de Sevilla, Luciano Borrego Cabeza, en el que denuncia la conducta del extremeño en unos términos muy duros. Según el delegado sevillano, Carande fue a Ronda para recoger el cadáver de su hermano allí asesinado,
“y lo que hizo fue vengar la muerte de aquel, y quizás por la natural excitación de la muerte de su hermano no fue todo lo justo que la Falange requiere a sus miembros, y dejándose dominar por ese estado de nervios practicara ejecuciones injustas; y tal muerte le sirvió de pretexto para intervenir joyas en un valor aproximado de seiscientas mil pesetas”. [Ref3]
A partir del 17 de Septiembre de 1936, Ronda fue el centro de operaciones de las columnas de Redondo, Corrales y del tercio Mora-Figueroa, que tomaron pueblo tras pueblo y que traían hasta la ciudad a sus prisioneros para ejecutarlos en aplicación del bando de guerra [Nota3].

La represión franquista. 

A mediados del año 37 el bando de guerra fue abandonado por las autoridades militares como sistema “legal” para efectuar la represión, y se ideó otra forma menos expeditiva de eliminar a “los enemigos de la Patria”. Se concibió un marco jurídico para castigar a todo aquel que no hubiera cooperado con la rebelión militar o cuya inacción hubiera podido entorpecer su triunfo. En los Consejos de Guerra sumarísimos celebrados por aplicación de esta nueva “legalidad” se afirmaba sin rubor lo siguiente:

“Frente al estado de anarquía que imperaba en todo el territorio nacional, con manifiesta infracción de los principios en que ha de basarse todo régimen legal y civilizado, el ejército hubo de asumir el poder, previa la declaración del estado de guerra, y quedó por ello constituido en el único Gobierno legítimo que podía y puede dirigir los destinos de la Patria afirmando su propia existencia. Fue entonces cuando los facciosos marxistas procedieron en su actuación contra el ejército, alzándose en armas en distintos lugares del país y promoviendo de esta manera un movimiento revolucionario que revistió los caracteres de una rebelión de tipo militar...”
Tal aberración jurídica permitió condenar a muerte a cientos de milicianos por haberse alzado en armas contra el Gobierno legítimo del Estado español, calificando la actuación como delito de rebelión militar. Y en la práctica, cualquiera que hubiese pertenecido al Comité de un pueblo donde hubieran muerto derechistas eran condenados a muerte, aunque el acusado no hubiese participado en los mismos, no tuviera conocimiento o no se hubiera opuesto a los mismos.

Uno de los últimos bocetos del pintor sueco Torsten Jovinge,
muerto en extrañas circunstancias en Sevilla en Julio del 36.
El auditor militar de la represión para Andalucía y Extremadura, Francisco Bohorquez, dictó instrucciones para los integrantes de los tribunales en los Consejos de Guerra y sentó el principio de que:
“todos los apoderados e interventores del Frente Popular en las elecciones del 36, tenían que ser procesados, determinándose en el acto del juicio oral, por la impresión que en el Tribunal causara la cara de los procesados, quienes debían ser condenados y absueltos.” [Ref4]

¿Un campo de concentración en Ronda?

Una buena parte de los rondeños refugiados en San Pedro o en cortijadas cercanas volvió a la ciudad a finales de Septiembre creyendo en las promesas de perdón para todos los que no hubiesen cometido delito de sangre. Se encontraron en cambio presos y sometidos a una sistemática depuración que habría de durar años.

Tras la ocupación de Málaga las detenciones se contaron por millares, se desbordaron las prisiones y se habilitaron campos de concentración en Torremolinos, Alhaurín o Antequera. En ellos se procedía a una minuciosa clasificación de los prisioneros y de allí sólo se salía para ir a la cárcel, al piquete o la libertad [Ref6].

Otro caso similar fue el ocurrido a principios de Noviembre en La Sauceda de Cortes, donde las fuerzas franquistas perpetraron una matanza indiscriminada contra un numeroso grupo huido de las zonas ocupadas de la Sierra de Cádiz. Allí se ubicó otro de los campos de concentración franquista en el cortijo de El Marrufo, en cuyas cercanías se halla una de las mayores fosas comunes de Andalucía.

En Ronda hay constancia de Consejos de Guerra celebrados en la ciudad a partir de Marzo de 1937. En las referencias consultadas algunos autores señalan la existencia de un campo de concentración para dar cabida a mucha gente, otros lo apuntan como sólo posible. No es de extrañar que así fuera dada la magnitud de la represión que se aplicó en Ronda al haberse significado como “rebelde” [Nota4]. Lo cierto es que el cuartel de la Concepción dio cabida a muchos de los presos que no cabían en la cárcel y que de allí partían para ser ejecutados a las tapias del cementerio de San Lorenzo.

La guerra en Ronda dejó terribles consecuencias. Tanto que es un tema todavía incómodo para muchas personas, y creen que es mejor no hablar de ello. Pienso, en cambio, que siempre es momento para aprender de los errores pasados y enseñar a nuestros hijos a evitar que se repita una historia de odio y violencia como la de nuestra Guerra Civil. De nada sirve ocultar la verdad. Es preciso conocer los hechos y evitar que vuelvan a producirse, bajo ningún pretexto.

Notas.
[1] La lista de las personas muertas con violencia en Ronda durante esos dos meses de revolución está compuesta por un total de 133 nombres, si consideramos como bueno el exhaustivo conteo que realizó Nadal [Ref5] atendiendo a las declaraciones recogidas en la Causa General.
[2] Un ejemplo del modus operandi de los rebeldes en buena parte del suroeste español fue la matanza tras la ocupación de Badajoz, donde fueron masacradas miles de personas. Cuando el periodista John T. Whitaker, del New York Herald Tribune, interrogó al general Yagüe sobre lo sucedido, esta fue su respuesta:
“Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” [Ref7]
[3] 17 de septiembre: El Gastor y Villaluenga del Rosario, 18 de septiembre: Arriate, Alcalá del Valle y Setenil, 24 de septiembre: Benaoján y Montejaque, 26 de septiembre: Cortes de la Frontera, 27 de septiembre: Jimera de Libar, 28 de septiembre: Atajate, Algatocín y Gaucín.
[4] En el momento de escribir estas líneas, algunos testimonios orales dan por cierta la existencia de un campo de detención en La Dehesa (ver Comentario 2 de este mismo artículo)

Referencias.

[1] “Objetivo Ronda”. Manuel Velasco (coordinador). Editorial Aconcagua.
[2] “Memoria de 27 días”. Carlos García Mouriño. Ed.: viuda e hijos de Mouriño. 1937.
[3] “Con la columna Redondo, combates y conquistas”. Bernabé Copado. Imprenta Gavidia. Sevilla. 1937
[4] “La justicia de Queipo”. Espinosa Maestre.
[5] “Guerra Civil en Málaga”. Antonio Nadal.
[6] “El holocausto español”. Paul Preston. Editorial Debate. 2011.
[7] Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Badajoz. 24-9-2016.

2 comentarios:

  1. Mi abuelo materno, Juan Antonio García de Haro, era concejal por Izquierda republicana en Ronda. Encarcelado al final de la Guerra Civil, con juicio sumarísimo, se salvó de milagro. Su tienda, que todavía existe en la Plaza del Socorro sobrevivió a la rapiña posterior gracias a que su esposa, mi abuela, era hija de Curro Guzmán Zamudio asesinado por los anarquistas. Tragedias y memoria. " El almirante ruina ".

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  2. Mi suegro, Miguel Guillén Ríos y su hermano Juan, llegaron desde Valencia a Ronda y nada más bajarse del tren, el llamado "cabo Emiliano" los llevó al campo de concentración que estaba enclavado en la Dehesa.
    De ahí los llevaron a batallones de castigo durante 5 años más, haciendo ¡de nuevo! el servicio militar que habían hecho con el gobierno republicano.
    Lo que prueba que existieron dichos campos.

    Estupendo artículo.
    Saludos

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