Violencia revolucionaria y represión en la ciudad

(Serie de artículos "Ronda 1936: 80 aniversario del golpe de estado")

Se han cumplido 80 años del inicio de la Guerra Civil, una gravísima alteración de la convivencia que ha permanecido indeleble en la memoria de la generación que la vivió y, que sin duda, ha influenciado notablemente en las generaciones descendientes.

En Ronda los acontecimientos bélicos tuvieron una honda repercusión que se saldó con una carnicería perpetrada por los dos bandos contendientes. Pero se faltaría a la verdad si equiparamos a la ligera ambas actuaciones porque ni la duración, ni el número de víctimas, ni quienes ampararon los asesinatos fueron iguales. Después de la guerra la barbarie siguió amparada por el Estado durante 40 años.

La violencia revolucionaria

La declaración del estado de guerra el 18 de Julio de 1936 no triunfó en la ciudad, siendo inmediatamente utilizada la situación por los extremistas de izquierda para proclamar el comunismo libertario.

El pronunciamiento militar aceleró el estallido de una revolución que venía gestándose años atrás y que era la consecuencia de una situación social insostenible para la mayoría de la población. El paro asfixiaba a las familias y los jornaleros vivían en unas condiciones miserables, era frecuente que acuciados por el hambre invadieran fincas o asaltaran tiendas de alimentación [Ref1].

La revolución alteró la legalidad republicana: las instituciones fueron relegadas a un papel secundario, así la autoridad del alcalde o de la Corporación fueron diluidas en una serie de Comités que tomaron el control de todos los aspectos del gobierno de la ciudad y sus pobladores. La nueva autoridad revolucionaria la detentaban los Comités y si bien trataron de ordenar la situación, eran desobedecidos frecuentemente y muchos elementos actuaban sin control.

Este caos reinante fue aprovechado por algunos para dar rienda suelta al odio acumulado durante años de hambre e injusticias. El rencor se ensañó con los “señoritos”, el clero y los simpatizantes de los partidos de derecha y fascistas de Ronda que fueron objeto de las iras de una multitud sin control. La situación se agravó con la excarcelación de los presos comunes y se tomaron vidas y haciendas por forajidos que cometieron asesinatos y robos, disfrazados de justicia revolucionaria.

Por otra parte, cierto número de personas, como el secretario del Ayuntamiento José María Carande y algunos significados falangistas o militares golpistas, como el Teniente Oliver, fueron fusilados acusados de conspirar contra la República . [Nota1].

Jugando a fusilar - Fotografía de Agustí Centelles
(considerado por algunos como el Robert Cappa español,
más en: Noticias sobre Agustí Centelles)

En esta situación la gente que no se alineó con los revolucionarios rondeños padeció todo tipo de vejaciones. Algunos consiguieron escapar, otros no pudieron hacerlo a tiempo y se escondieron en sus casas a la espera de ver qué pasaba en el resto del país de donde llegaban noticias contradictorias a través de las emisoras de Ceuta, Sevilla, Madrid o Radio Club Portugués: unas apuntaban a un éxito del pronunciamiento militar y otras aseguraban el aplastamiento del mismo.

Tal fue el caso del registrador de la propiedad de Ronda, Carlos García Mauriño, que permaneció encerrado en su casa junto a su familia y sirvientes desde el estallido de la guerra. García Mauriño anotó cuanto le llegaba de lo que ocurría en Ronda y lo que oía por la radio durante los 27 días que duró su reclusión [2]. En ese diario puede leerse como inicialmente no toma partido por ningún bando, aunque ya el día 20 de Julio hace alusiones a favor de los rebeldes y a que su única esperanza de salvación era que los militares tomasen la ciudad. Aunque claramente impregnado de los ideales y profunda religiosidad del autor, el libro no deja indiferente al lector que siente el terror y la angustia con que Mauriño relata cómo van cayendo sus amigos y conocidos víctimas de la cólera que se había apoderado de las calles de Ronda.

Todo apunta a que García Mauriño era un estorbo para hacer desaparecer el Registro como expresaba alguna persona abiertamente:
“Hay que incendiar el Registro para que nadie sepa que es de nadie”.

1ª Edición del libro del registrador de la propiedad de Ronda, 1940.

Mauriño era un funcionario público y aunque no pertenecía a ningún partido, finalmente fue acusado de simpatizar con la rebelión militar y fusilado en la madrugada del 14 de Agosto de 1936 en la tapia del cementerio. Una más de las víctimas del denominado “terror rojo” en Ronda y la evidencia de una etapa oscura de la que nadie puede sentirse orgulloso.

Próxima entrega: "La larga represión franquista".

Notas y referencias:

[Nota 1] La lista de las personas muertas con violencia en Ronda durante esos dos meses de revolución está compuesta por un total de 133 nombres, si consideramos como bueno el conteo que realizó Nadal [Ref3] atendiendo a las declaraciones recogidas en la exhaustiva Causa General.
[Ref1] “Objetivo Ronda”. Manuel Velasco (coordinador). Editorial Aconcagua.
[Ref2] “Memoria de 27 días”. Carlos García Mauriño. Ed.: viuda e hijos de Mauriño. 1937.
[Ref3] Guerra Civil en Málaga”. Nadal Sánchez, A. Ed. Arguval 1984.
 
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1 comentario:

  1. No me explico que haya personas a las que les pueda molestar que la verdad salga a la luz. Aún siendo tan documentada como la que tú relatas aquí.
    Espero las próximas "entregas"

    Besos

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