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El rancho de los prisioneros: lentejas podridas y un padrenuestro


En el artículo ¿Un campo de concentración en Ronda? [Ref1] pasamos revista a las evidencias documentales que respondían a la cuestión planteada en el título, aunque quedó indeterminado el lugar donde pudo ubicarse.

Ha sido gracias al testimonio de Manuel R. M. que, cuando tenía diez años, vivía en una casa de campo frente al cercado a la intemperie donde apresaron a un número indeterminado de personas. Contaba que oía el machacón “caralsol” por las mañanas y tardes y, por las noches, las voces de los guardianes dando alertas y órdenes. Su descripción del lugar coincide con la de los hermanos Miguel y Manuel G. R., según el testimonio de un familiar: “Estuvieron en Valencia, trabajando en una fábrica de obuses para el gobierno republicano. Al terminar la guerra volvieron en tren a Ronda. Fueron detenidos en la estación de tren por el cabo de la Guardia Civil Emiliano D. R. y conducidos a un campo de prisioneros en la Dehesa. Aquello no era más que una alambrada hecha con palos“. El recinto estaba ubicado junto a la entrada del actual campamento Gabeiras de la Legión.

El campo de concentración de la Dehesa tendría un aspecto muy similar a este de la Albentosa en Teruel

La instalación tuvo un carácter temporal y hay constancia documental de su funcionamiento, al menos, durante cuatro meses, si bien algunos historiadores lo alargan hasta un año. Es muy probable que fuera coetáneo con el campo de concentración de la Plaza de Toros de Ronda que comenzó a funcionar en abril de 1939. Esta fue utilizada, en primera instancia, como centro de detención y distribución, como relataba en sus memorias el montejaqueño José Hiraldo Aguilar: “Tras una semana de calabozo, fuimos trasladados a la plaza de toros de Ronda (…) donde no cabía más gente. En grandes expediciones nos llevaron a Málaga a otro campo...” [Ref2]

Al término de la guerra, el número de prisioneros republicanos era enorme. En los casi trescientos campos de concentración repartidos por toda la geografía nacional, se apretujaban cerca de un millón de personas pendientes de ser clasificados [Ref3]. Franco quería depurar responsabilidades y estableció un sistema para investigar a todo aquél que cayó en sus redes desde el año 1937, en el que dictó la Orden General para la clasificación de prisioneros y presentados. En la práctica, la suerte de los cautivos dependía de una comisión de clasificación que en cada campo evaluaría su actuación durante el golpe de Estado y la guerra. Y para demostrar su limpieza y ser considerados aceptables para el nuevo Régimen debían avalarlo con cartas de recomendación del cura o el jefe de Falange del pueblo de origen del reo. En juego había tres posibilidades: los que conseguían los avales quedaban en libertad (y si estaban en edad militar, tenían que hacer tres años de mili), los que no los conseguían, eran destinados a los Batallones de Trabajadores como mano de obra esclava y los que habían sido miembros de algún partido, sindicato o denunciados por su actuación o cargo durante la República o la guerra, iban a juicio sumarísimo (que se saldaba con la cárcel o el paredón).

Así consta en el documento de la revista administrativa del campo de concentración de Ronda de los meses de junio y julio del 39 [Ref4]. En la relación de bajas de ambos meses son liberados casi la mitad; los prisioneros destinados a otros campos son 83 (82 al campo de concentración de Rota y 1 al  de San Pedro de Cardeña, todos en Junio), mientras que los destinados a la cárcel de Ronda suman 177 (65 en Junio y 112 en Julio). En estas relaciones no aparece ningún reo destinado directamente a Batallones de Trabajadores, aunque después de pasar por el campo de concentración de Rota es bastante probable que fueran destinados a alguno de los múltiples batallones que se crearon en la zona del Estrecho, a partir de mayo del 39 (hasta 1943, estos campos de trabajo forzado contaron con unos 30.000 prisioneros en la orilla norte del estrecho de Gibraltar, según el memorialista José Manuel Algarbani).

Es interesante ver quién ordenaba la baja: los que salían en libertad lo disponía el jefe del campo, el alférez Juan R. T.; los que iban a la cárcel, lo ordenaba un juez instructor o el juez militar de Ronda y los que eran conducidos a otros lugares (Madrid, Jaca, San Nicolás del Puerto, Córdoba y Segovia), era por orden de un juez militar, un auditor de guerra o algún jefe militar de otro lugar.


Resulta llamativo el elevado número de prisioneros conducidos a la cárcel de Ronda en estos dos meses (177 personas). Esa especie de presidio, entonces en los bajos de los juzgados de la plaza Duquesa de Parcent, era muy pequeño y no daría para tanta gente, pero en esas fechas funcionó también como cárcel alguna dependencia del cuartel de la Concepción [Ref5]


Desaparecidos

Sin embargo, si algo llama poderosamente la atención en estos informes de revista es el descuadre entre los prisioneros presentes y las bajas producidas entre esos dos meses consecutivos. Al término del mes de junio, el balance era de 609 cautivos presentes. En el mes de julio, se producen 198 bajas, la mayoría de las cuales por conducción a la cárcel de Ronda, el resto son liberados. El balance firmado por el jefe del campo a finales de este mes, cifra en 302 los prisioneros restantes. La pregunta es tan obvia como tremenda la respuesta. ¿Dónde están los 109 que faltan?

Rúbrica del jefe del campo al balance de la "fuerza" en la revista de junio

Un rancho muy económico


El informe de revista tenía por objetivo justificar el gasto de la remesa de dinero enviada para el mantenimiento de los prisioneros. El gasto diario destinado al rancho era de 1’65 pesetas, pero dudo que el monto fuera destinado íntegramente a tal efecto, a tenor de los testimonios de muchos prisioneros acerca del hambre que pasaron durante su cautiverio [Ref3]: “Nos embrutecimos hasta el punto de perder toda dignidad humana. Un teniente muy a la usanza de la Gestapo trajo un perro lobo para impresionar y en un descuido despareció. ¡Nos lo habíamos comido crudo!”. La dieta habitual consistía en agua negra de castañas, agua con espinas de pescado y gusanos o lentejas podridas. No obstante, el jefe del campo se lamentaba en su informe de no haber podido realizar ninguna economía en la compra de víveres para la confección del rancho y, por tanto, justificaba no devolver ni una peseta.

Eso sí, las necesidades espirituales, queridas o no, estaban cubiertas desde el minuto uno de la creación del campo. A propuesta del Sr. Pro-Vicario General Castrense y rubricado por el Subsecretario del Ejército, se publicó en el Boletín Oficial del Estado del 11/05/1939 los destinos de diversos Capellanes a los Campos de Concentración y Batallones de Trabajadores. En el mismo se nombra a D. Jerónimo P. M., Capellán con consideración de alférez, destinado al Campo de Concentración de Ronda. Junto al de Ronda, también aparecen publicados los nombramientos de 21 capellanes para Campos de Concentración y otros 25 para atender a diversos Batallones de Trabajadores [Ref6].

Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración del investigador memorialista del Instituto de Estudios Campogibraltareños, José Manuel Algarbani.

[Ref1] “¿Un campo de concentración en Ronda?”. Pablo Aguayo de Hoyos. Revista Puente Nuevo. Número 65. Junio 2017.
[Ref2] “Memorias y crónicas de un rebelde andaluz”. Biografía de José Hiraldo Aguilar, ed. de Melchor Guzmán. Ayuntamiento de Montejaque. 2006.
[Ref3] “Los campos de concentración de Franco”. Carlos Hernández de Miguel. Penguin Random House. 2019.
[Ref4] Revista correspondiente a los meses de Junio y Julio del campo de concentración de Ronda. Extractos 5 y 6, caja 23 del fondo del Tribunal de Cuentas. Centro Documental de la Memoria Histórica. Salamanca.
[Ref5] Testimonio oral del rondeño José G. T. Fue capturado en Levante al término de la guerra y conducido a la plaza de toros de Baza, donde se le clasificó como desafecto y enviado a uno de los Batallones de Trabajadores Penados de Tarifa.
[Ref6] Boletín Oficial del Estado núm. 131, de 11/05/1939, páginas 2594 a 2595. Departamento: Ministerio de Defensa Nacional. Subsecretaría del Ejército.

Puente Nuevo Julio 2018

Portada de Andrés Rodríguez González, Pasolargo
En la revista aparece la versión impresa y revisada del artículo "Luces y sombras de la Masonería rondeña"

 
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La guerrilla en la Serranía de Ronda


Vencidos, rojos y, además, bandoleros.
Durante los años posteriores a la guerra, grupos dispersos de hombres y mujeres siguieron combatiendo a la dictadura emboscados entre las peñas y abulagas de la Serranía. Esta es su historia, la de unos idealistas enfrentados a una represión feroz.




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Carta desde el Penal de El Puerto

La represión tras la Guerra Civil llevó a muchos rondeños a la cárcel. Esta es una muestra de las condiciones de vida en el tristemente famoso penal de El Puerto.

 
Rondeños en el Penal de El Puerto
Entre la relación de presos encontramos a 28 rondeños: 25 de los cuales fueron condenados a 30 años de reclusión mayor por el delito de adhesión a la rebelión militar y los 3 restantes, acusados del delito de sedición, con penas entre 3 y 6 años (...)

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Cadena perpetua por cortar un árbol

La aplicación de la justicia militar en la posguerra rondeña

El artículo trata de aclarar algunos conceptos básicos de la represión franquista y cómo ésta se aplicó en un momento crucial en la vida de dos republicanos: uno rondeño y otro arriateño; con una singular coincidencia, ambos se llamaban José Ramírez Rueda.


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Puente Nuevo Junio 2017

Portada dedicada al artista Nicomedes
En la revista aparece la versión impresa del artículo ¿Un campo de concentración en Ronda?
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Antonia Salgado, la Portuguesa


Antonia Salgado, alias la Portuguesa, fue protagonista de uno de los hechos bélicos citados en casi todas las crónicas de la Guerra Civil en Ronda: el paso de los rebeldes por el puente de la Ventilla. Este paraje, a unos 8 Kilómetros de Ronda, era considerado clave en la defensa de la ciudad, prueba de ello es que en sus cercanías el Comité de Guerra había construido hasta cuatro blocaos [Nota 1] de cemento con los que se pretendía repeler el ataque de los sublevados.

Aspecto de uno de los blocaos tras caer en manos de las fuerzas asaltantes. 
Fuente: Breviario de la conquista de Ronda [Nota 4]
Según ciertas fuentes, Antonia Salgado era natural de la aldea portuguesa de Cabanas, en otras se asegura que procedía de Lisboa. Dicen de ella que era de cuerpo ágil, mirada penetrante, todo nervio, y que tenía amplia cultura y formación [Nota 2]. Parece ser que llegó a la ciudad sevillana de Utrera en el año 35 para trabajar en la construcción del pantano de Torre del Águila.

En Julio de 1936 tomó parte en contra de la sublevación involucrándose con el Comité de Defensa de Utrera. Tuvo que huir de esta localidad cuando cayó en manos de los militares golpistas, el 26 de Julio. Recaló en Morón donde también participó en diversas contiendas. Finalmente llegó a Ronda a primeros de Agosto con un nutrido grupo de refugiados procedentes de la Sierra Sur sevillana [Nota 3]

En nuestra ciudad volvió a comprometerse y luchó en los frentes de Algodonales, Alcalá del Valle y Antequera. Su popularidad era grande y se ganó el apodo de la Libertaria. Como miembro del Comité de Guerra de Ronda participó en la reunión en la que se decidió dinamitar el puente de la Ventilla; la idea era hacerlo al paso de las columnas militares que hipotéticamente pudieran llegar a la ciudad por ésa vía. Se cuenta, además, que ella se ofreció voluntaria para llevar a cabo la misión.

Y así fue, el avance de los rebeldes se hizo a través de esta vía; las columnas de Corrales y Redondo confluyeron en Cañete, y ya con Varela al frente, se dirigieron a Ronda en la madrugada del 16 de Septiembre. Pero antes, a media mañana llegaron al puente de la Ventilla.

Vista desde la misma posición del blocao que ocupaba la Portuguesa
(en esta imagen hay que eliminar el paso subterráneo que entonces no existía)
Hay distintas versiones de lo sucedido ése día en este estratégico lugar. El relato de lo sucedido en el Puente de la Ventilla ése día ha llegado hasta nosotros distorsionado por los que en su momento contaron lo sucedido desde su óptica e interés propagandístico.

Así, en el libro de memorias de las hazañas bélicas protagonizadas por los contendientes del bando franquista, Ballesteros y Colombi, glosan el momento con las siguientes palabras:
".. llegamos al puente de la Ventilla, encontrando la carretera completamente minada y a uno de los lados de ésta, construidas con cemento y en muros de gran espesor unas trincheras o más bien unos blocaos con sus correspondientes troneras y unos gruesos cables que unían las minas entre sí. En uno de dichos blocaos, encontraron nuestras tropas escondida y enfundada en flamante mono azul, una mujer de nacionalidad portuguesa, cuya misión era nada menos, la de volar el puente al acercarse nuestras fuerzas..." [Nota 4]
No está claro lo que sucede en el momento de la llegada hasta el lugar de las columnas militares. Ciertas fuentes afirman que parte de la carretera fue volado por Antonia al accionar el interruptor conectado por un cable eléctrico a la carga de dinamita. Las mismas fuentes dicen que en la refriega posterior fue alcanzada por disparo de ametralladora, por lo que su compañero acudió para auxiliarle, pero ante la gravedad de la herida, fue la misma Antonia quien le dijo que se marchara y la dejase sola, siendo capturada por los requetés y falangistas de las columnas de Varela.

Imagen del supuesto momento en que Antonia Salgado 
es tiroteada por un francotirador desde el Puente de la Ventilla
Lo que sucede posteriormente, con una lírica de fuerte inspiración franquista, lo relata Ballesteros así:
"A pesar de su crueldad, solicitó y obtuvo al ser detenida, asistencia espiritual, presentándose ante un sacerdote, con el que confesó besando un Crucifijo, y arrepintiéndose públicamente de sus pasados errores." [Nota 4]
El hecho bélico y su muerte también fue recogido por el sacerdote antes citado, el capellán castrense Bernabé Copado, que acompañaba a la columna Redondo. El jesuíta relataba que la carretera fue parcialmente volada por una de las minas que llegó a hacer explosión, pero que no afectó al puente y que:
"de volar el puente no tuvo tiempo. La cogieron [a la Portuguesa] y allí mismo se la fusiló, después de prepararla y de hacer una larga confesión: había tenido buenos principios y tenía conocimiento de la religión"
[Nota 5]
En cambio, existe otra versión literaria que relata de forma distinta la llegada de las tropas rebeldes al puente. En resumen, viene a decir que Antonia y otro miliciano aguardaban apostados bajo una higuera, listos para prender la mecha y cumplir su misión. Pero los militares, sabedores de las intenciones y de todos los detalles de lo que allí les tenían preparados los milicianos, detuvieron la marcha a 500 metros del puente. Entonces, destacaron a un experimentado francotirador de la columna Redondo que desde un altozano esperó el momento idóneo para derribar a la Portuguesa de un balazo en el vientre. [Nota 6]

Fuentes y lectura crítica

No parece lógico que Antonia y su compañero miliciano esperaran bajo una higuera, cuando disponían de unas buenas construcciones defensivas. Y se menciona una mecha, no un detonador eléctrico, como en el resto de las otras versiones disponibles. Pero, a pesar del componente ficticio que aparentemente hay en este relato, el propio Queipo de Llano corroboró en su charla radiofónica del 19 de Septiembre una parte de esta versión, digamos "literaria":
“Como cosa curiosa, se cita la Libertaria, engendro del infierno, que recibió un balazo que la atravesó de parte a parte” [Nota 7]
Queipo desde los micrófonos de Unión Radio de Sevilla
en una de sus charlas propagandísticas.
Por su parte, el golpista Varela, en su diario de operaciones, reconoce que un día antes de este episodio se pasaron a las filas nacionalistas un total de 17 militares de diversa graduación y un guardia civil [Nota 8]. No es de extrañar, por tanto, que los rebeldes estaban al tanto de los planes del Comité de Guerra.

Conclusiones

Antonia Salgado, alias la Portuguesa, es uno de los paradigmas del desprecio que los golpistas aplicaron desde el primer momento a los defensores de la República. Su memoria ha sido pisoteada mil y una vez por su utilización cicatera como ejemplo de una persona burlada por la inteligencia de los atacantes, como el citado relato "de la gesta" de Ballesteros.

Sirvan estas líneas para hacer un poco de justicia y rescatar algo de verdad entre tanta desmemoria como nos ha impuesto durante décadas la educación y herencias franquistas.

Notas

  • [Nota 1] La palabra blocao procede del alemán blockhaus. Es una pequeña fortificación defensiva de madera y sacos terreros que se desarma y puede transportarse fácilmente para armarlo en donde mejor convenga. Los blocaos fueron ampliamente utilizados por las tropas españolas en las campañas del Rif en Marruecos durante el primer tercio del siglo XX.
  • [Nota 2] El periódico malagueño "El Popular", en su edición del viernes 25 de septiembre de 1936 le dedicó el artículo: “Ha muerto una mujer”. Fue la única referencia a la conquista de Ronda por parte de los rebeldes.
  • [Nota 3] "UTRERA 1936, OCUPACIÓN MILITAR Y REPRESIÓN". José Díaz Arriaza y Javier Fernández Castejón.
  • [Nota 4] "Breviario de la conquista de Ronda. De la gesta". Ballesteros y Colombi. Capítulo "Ronda a la vista". pp. 39-40.
  • [Nota 5] "Con la Columna Redondo: combates y conquistas: crónica de guerra", 1937. Bernabé Copado. pp. 106
  • [Nota 6] "Julio colérico". José Luis Conde Ayala. Capítulo IX: La Portuguesa.
  • [Nota 7] ABC de Sevilla, 19 de Septiembre 1936, p. 5. Sección: "La charla radia anoche por el general Queipo de Llano".
  • [Nota 8] "General Varela, diario de operaciones 1936-39". Jesús Núñez Calvo. pp.: 45. Entre los pasados a los rebeldes se cita al Capitán de Infantería José Vidal Pérez y el alférez Salvador Balsalobre.

¿Un campo de concentración en Ronda? (Versión final)

Campos para doblegar al enemigo 

(Versión actualizada, mayo 2019)
Conviene aclarar a qué nos referimos al hablar de campo de concentración. Resultan inevitables las connotaciones que el término ha adquirido tras la segunda guerra mundial, hasta el punto de afirmarse que en España «no hubo campos de concentración durante la dictadura». Si bien los campos de concentración franquistas no son comparables con los campos de exterminio nazi, no puede negarse la existencia de un centenar y medio largo de instalaciones concebidas para la humillación y aniquilación ideológica de los republicanos. También conviene señalar que en este tipo de instalaciones no se respetaron en forma alguna las normas de la Convención de Ginebra de 1929 para el tratamiento de prisioneros de guerra que España había suscrito: carecían por completo de las más elementales condiciones de vida, la asistencia legal era nula y se ejercía una violencia desmedida y continuada sobre los internos. En resumen, lugares de hacinamiento, hambre, enfermedad, violencia y muerte1.

Usaremos la definición de campo de concentración franquista que aporta el profesor e historiador Javier Rodrigo en su libro “Cautivos”2: lugar de internamiento masivo, preventivo e ilegal establecido durante la guerra civil española por los militares sublevados para recluir a los republicanos en aras de clasificarlos, determinar sus supuestas responsabilidades criminales político-sociales, reeducarlos y reutilizarlos como mano de obra barata en una red de trabajos forzosos.

Javier Rodrigo analiza de forma global el fenómeno de los campos de concentración en la España de Franco. El libro aporta detalles precisos acerca de la organización, de los procesos de clasificación, de las prácticas reeducadoras y de la miserable vida que sufrieron centenares de miles de defensores de la República sujetos a una arbitrariedad y brutalidad extremas.

Inicialmente los prisioneros capturados por las tropas de Franco fueron confinados en cárceles, instalaciones militares o monasterios y conventos cedidos por la Iglesia (principal proveedora de edificios habilitados para prisiones). Sin embargo, a medida que el conflicto avanzó, estos lugares de reclusión quedaron totalmente colapsados y se usaron plazas de toros, campos de fútbol, castillos, cines, frontones, colegios, fábricas abandonadas o lo que fuera, siempre que estuvieran bien comunicados por tren y tuvieran abastecimiento de agua potable. Pero la situación se agravó con la progresiva caída de las líneas republicanas y sobre todo, con la finalización de la Guerra Civil; entonces la avalancha de prisioneros desbordó todas las infraestructuras disponibles y derivó en una situación caótica que llevó a la utilización de cualquier tipo de edificio para internar a los casi 500.000 prisioneros republicanos capturados y que habían de ser reeducados para ser admitidos en el proyecto “de la nueva España”.

Evidencias


La hipótesis de la existencia de un campo de concentración en la ciudad ha sido barajada por diversos historiadores sin que hasta ahora haya sido suficientemente documentada:

...varios campos de concentración fueron habilitados por la provincia: la plaza de toros de Vélez, un campo de concentración en Torremolinos, otro en Antequera-Campillos, acaso otro en Ronda y uno en Alhaurín el Grande3
Por fin, empiezan a conocerse evidencias documentales que no dejan lugar a dudas:

  1. Un salvoconducto fechado el 3 de Mayo de 1939 en cuyo membrete y sello figura la leyenda "Tribunal provisional del campo de concentración de Ronda"4. El documento autorizaba al prisionero portador del mismo a desplazarse hasta su pueblo de origen, al haber sido clasificado en el apartado D y por tanto, en libertad provisional por ser menor de 32 años y no tener antecedentes, según las instrucciones dictadas a las Comisiones Clasificadoras de Prisioneros y Presentados con fecha 12 de Abril del 39. (Ver cuadro 1)



  2. El Archivo General Militar de Guadalajara guarda entre su abundante documentación varias carpetas agrupadas bajo la denominación “Prisioneros de guerra internados en campos o depósitos de concentración, batallones de trabajadores y hospitales militares de prisioneros de guerra”5. El contenido de estas 6 carpetas son los expedientes y listados de un gran número de prisioneros con sus datos de filiación en estadillos mensuales o quincenales confeccionados por la Guardia Civil. En ellos se hace constar, en mayor o menor medida, las acusaciones o sospechas sobre su condición política o social, actuaciones durante la guerra, pertenencia a sindicatos o partidos políticos, encuadramiento en unidades republicanas, así como campo, batallón o prisión donde se encuentra. Y también se anota si están pendientes de clasificación por falta de avales o a la espera de Consejo de guerra.
    En el listado correspondiente a la carpeta número 2, que data de Septiembre de 1939, figuran los nombres de 1728 prisioneros internados, entre otros, en el campo de concentración de Ronda. 

  3. Legajos de expedientes personales de prisioneros de campos de
        concentración y batallones disciplinarios en el Archivo General
        Militar de Ávila
  4. El Archivo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda conserva un oficio de la Comandancia Militar de la ciudad, fechado el 11 de Abril de 1939, donde dice lo siguiente: “Necesitándose para las atenciones del campo de concentración de esta Plaza, la Plaza de Toros y locales anexos a la misma, ruégole disponga se haga entrega de ellos a esta Comandancia...”.

    Prisioneros republicanos en una de las muchas plazas de toros de España en 1939
    Es bastante probable que el requerimiento de la Comandancia Militar fuera atendido por la Real Maestranza teniendo en cuenta que los militares ostentaban en esos momentos la máxima autoridad en la ciudad, muy por encima del Ayuntamiento que en esa fecha se limitaba a funciones administrativas.6

  5. Ronda aparece citada en la minuciosa relación de los campos de concentración franquista del artículo de Javier Rodrigo, “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco”7. En esa lista negra aparece como campo destacado y creado en 1939. Ronda también es citada dos veces en el libro “Cautivos” del mismo autor: una, en un listado con los campos y número de prisioneros del Ejército del Sur en marzo de 1939 que se reproduce parcialmente en la siguiente tabla:


    La segunda cita dice:
    (...) En Ronda se había instalado con la mayor brevedad un centro de internamiento a las órdenes de las auditorías de guerra y bajo la supervisión del servicio de Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros.”8

¿Dónde pudo ubicarse?

Algunas fuentes orales sitúan el campo de concentración rondeño en las cercanías de la Dehesa, aunque sin concretar más su localización. Esas mismas fuentes sostienen que en dicho campo de concentración se internaron hasta 2000 personas y que funcionó por espacio de un año, lo que coincide con las investigaciones del profesor Rodrigo.

Nombres propios

Los campos de concentración fueron ideados para internar a una gran masa de presos de guerra, pero no de las personas oriundas de los pueblos aledaños, sino de los republicanos capturados en las zonas de combate y llevados a retaguardia para la clasificación y la depuración como ya se ha dicho.

Este fue el caso por ejemplo de Virgilio R. G., el portador del salvoconducto citado en la evidencia número 1. Él era natural de Granátula de Calatrava (Ciudad Real) y en el momento de su liberación provisional se le permite ir a su pueblo con la condición de presentarse en la Comandancia Militar, Ayuntamiento o puesto de la Guardia Civil, como puede leerse en el documento.

En el caso de algunos rondeños, José G. T., combatió del lado de la República y fue capturado en Levante. Desde allí fue conducido a pié hasta la plaza de toros de Baza donde se le clasificó como desafecto y enviado a uno de los Batallones de Trabajadores Penados de Tarifa, estuvo tres años de trabajos forzados en la construcción de parapetos en la carretera de Facinas; posteriormente hubo de cumplir otros tres años de servicio militar en el Ejército de Franco antes de regresar a Ronda donde se encontraría estigmatizado y sin trabajo.9

Los hermanos Juan y Miguel G. R., corrieron desigual suerte. Pasaron la guerra en Valencia, trabajando en una fábrica de obuses para el gobierno republicano. Al terminar la contienda vuelven en tren a Ronda. Pero son detenidos en la estación por el cabo de la Guardia Civil Emiliano D. R. y conducidos a un campo de prisioneros en la Dehesa de Ronda. Juan consiguió avales y quedó en libertad, sin embargo Miguel fue condenado a trabajos forzados en el Batallón de Trabajadores Penados de Tarifa. Posteriormente, también tuvo que cumplir el servicio militar.10

Por su parte, encontramos más presioneros rondeños en la carpeta 5 del Archivo de Guadalajara, correspondientes a la relación de Marzo de 1940:

  • Enrique T. G. de 21 años, soltero, panadero, hijo de Juan y Ana, natural y vecino de Ronda. Desertó de las filas Nacionales al Ejército rojo. Se le instruyó atestado que se entregó a la Comisión Clasificatoria del Campo de Portaceli.

  • José R. R., de 27 años de edad, soltero, jornalero, hijo de Juan y Rosa, natural y vecino de Ronda, del Batallón de Trabajadores nº. 211. Afiliado a la CNT. Acusado de haber formado parte de los grupos que destruyeron la Iglesia. Prestó servicios de guardia armado, en diferentes puntos de la población. A disposición del Sr. Auditor de Guerra del Campo de Gibraltar.


  • Salvador G. T., de 30 años de edad, casado, albañil, natural y vecino de Ronda, hijo de Francisco y Carmen, del Batallón 162. Afiliado a la CNT. Al ser liberado su pueblo huyó a Valencia. Hizo guardias con armas tomando parte de la detención del encargado del cortijo ”Ronda la Vieja”, Sr. Lebrón, que más tarde fue asesinado, culpándosele también de este asesinato. A disposición del Sr. Juez Auditor de la Subinspección Regional de Prisioneros de Barcelona.

Prisioneros republicanos obligados a cantar el "Cara al sol"
saludando a la bandera en un campo de concentración

 Fuentes documentales

Los campos de concentración son una realidad poco y mal conocida. En parte, porque la documentación existente no ha estado disponible hasta ahora11 y en parte, por un deseo evidente de ocultación y negacionismo impuesto por las autoridades.

Lamentablemente, esa ocultación se sigue practicando hoy en día en algunos archivos militares; primero, dificultando enormemente el acceso a la información, siendo prácticamente imposible su consulta si no es de forma presencial y segundo, camuflando su existencia. Por ejemplo, no es posible encontrar información acerca de “campos de concentración”, en cambio podremos acercarnos algo si buscamos por “depósito de prisioneros o desafectos” (en la terminología empleada en el Archivo de Guadalajara, por caso).

Sin embargo, los avances en los estudios historiográficos son imparables y en la mayor parte de los casos vienen de la mano de un rigor metodológico imprescindible para evidenciar uno de los aspectos fundacionales de la dictadura franquista: la expiación de la culpa y la redención a través del trabajo esclavo de los republicanos.

Insto a los lectores interesados a ver el documental “Los campos de concentración de Franco”, emitido en Mayo de 1999 por la 2 de TVE en el programa Línea 900, y que supuso un punto de inflexión en el conocimiento de los archivos y la realidad de los campos. Algunas imágenes de este artículo proceden de fotogramas capturados del mismo. Acceso en la página web: http://www.rtve.es/alacarta/videos/altres-programes-darxiu/linea-900-els-camps-concentracio-franco/523108/#

Lugares para la Memoria

En general, el desinterés de las administraciones ha mantenido en el olvido a estos campos de concentración y centros de internamiento de trabajadores esclavizados (ni siquiera una placa recuerda en el Valle de los Caídos en qué condiciones y quienes construyeron el mausoleo de Franco). Sin embargo, esta práctica memoricida tan española es una oportunidad perdida: estos lugares de la Memoria no deberían ser escondidos o destruidos porque son representativos de una realidad y forman parte de nuestra Historia. De esa que es preciso, nos guste o no, tener presente, aprender de ella y asimilarla para no repetirla.

Agradecimientos y aclaración:

Este artículo ha sido posible gracias a la desinteresada colaboración de varias personas entre ellas: Francisco Moreno Jiménez y el Foro por la Memoria de Guadalajara y también, a la obstrucción de otras muchas que me han espoleado a mostrar los datos que aquí se recogen.

Este es un trabajo menor, que tan sólo aspira a llamar la atención sobre la existencia de un campo de concentración franquista en nuestra ciudad. Debe entenderse como un trabajo de investigación periodística, no histórico.

Cuadro 1:

Inicialmente la Orden General de Clasificación de prisioneros y presentados (léase desertores) fue dispuesta por Franco en Salamanca en 1937. En las instrucciones se establecían unas comisiones encargadas de valorar si el desertor o prisionero era leal o por lo menos fiable para su destino al ejército de la siguiente manera: los clasificados como afectos al golpe de estado o los que fueron obligados a servir en las filas republicanas al ser llamados por su reemplazo, quedaban en libertad y eran destinados a las cajas de recluta si estaban en edad militar. Lo mismo les sucedía a los que siendo voluntarios del Ejército Popular se pasaban las líneas nacionales esperando acogerse a los beneficios de los panfletos de propaganda que instaban a la deserción12.

Los que no pudieran acreditar su adhesión o fueran voluntarios del ejército popular quedaban internados en los campos de concentración a la espera de los avales del cura, el alcalde o el jefe de falange de su pueblo para su clasificación definitiva. Por último, los jefes y oficiales y los que tuvieran responsabilidad social, política o común, se les recluía a la espera de consejo de guerra, por lo general sin garantías jurídicas de ninguna clase.

Aval firmado por el Alcalde y Jefe de Falange reconociendo la adhesión al
"Glorioso Movimiento Nacional" de un prisionero
 A partir de estas instrucciones generales de clasificación de los presos en campos y prisiones habilitadas se decidía el destino de miles de personas según las siguientes posibilidades:

A) Prisión. Aquellos con antecedentes, denuncias o bajo investigación por delitos de sangre. El jefe del campo los ponía aparte y a disposición de la Auditoría de Guerra.

B) Permanecer en el campo para formar Batallones de Trabajadores. Aquellos con antecedentes desfavorables no constitutivos de delito.

C) Permiso Provisional. Mayores de treinta y dos años sin antecedentes.

D) Libertad Provisional. Menores de treinta y dos años sin antecedentes.

Notas

1 “Se calcula que entre 1939 y 1944 unas 140.000 personas fueron ejecutadas o murieron en prisión. La causa fundamental, fue la combinación de las ejecuciones legales, tras un Consejo de Guerra rápido, y las extralegales, fundamentalmente en las sacas y paseos. Pero resulta muy difícil separar las ejecuciones de las muertes de presos por «causas naturales», ya que el hambre, las enfermedades y las condiciones de trabajo hicieron verdaderos estragos entre la población penitenciaria.” La política penitenciaria del franquismo y la consolidación del Nuevo Estado. Gutmaro Gómez Bravo. Consultado en línea el 16 de Mayo de 2017.

2 “Cautivos. Campos de concentración en la España franquista 1936-1947”, Javier Rodrigo. Editorial Crítica, 2005.

3 "Fuera del reino de la cordura... represión en Málaga, 1937-1939". Encarnación Barranquero Texeira. En la revista Represión franquista de Andalucía editado por la Asociación Memoria Antifranquista del Baix Llobregat. 2011. Otras citas en: “Málaga 1937. El año de Némesis”, de Lucia Prieto. “Entre el cielo y la tierra. La represión franquista en Málaga”. Manuel Morales Muñoz. Baetica. Universidad de Málaga. 2008.

4 "Memorias de Ronda", Faustino Peralta. Nro. 7, Marzo 2011, pp. 67. Número especial dedicado a la Guerra Civil en Ronda.

5Prisioneros de guerra internados en campos o depósitos de concentración, batallones de trabajadores y hospitales militares de prisioneros de guerra”. Archivo General Militar de Guadalajara. Listados de prisioneros, caja 1, carpetas 1 a 6. F. J. López Jiménez. Marzo 2004. Consultado en línea el 23 de Febrero de 2017.

6 Desconozco si hubo respuesta a esta solicitud, aunque los testimonios recabados dan por hecho su utilización.

7 “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco”, Javier Rodrigo. Consultado en línea el 20/Febrero/2017.

8 Quizá alguna persona con más perseverancia que yo pueda acceder a este documento en el Archivo General Militar de Ávila - Cuartel General del Generalísimo, Armario 1, Legajo 58, Caja 26 (AGMA-CGG, A1, L58, C26)

9 Testimonio oral propio.

10 Testimonio oral de un familiar.

11 La documentación básica para el estudio de los campos de concentración está depositada en los Archivos Militares Generales, en particular en los de Ávila y Guadalajara; si bien, hay cierta documentación en poder de la fundación Francisco Franco cuyo único propósito es poner trabas y distorsionar el estudio de cualquier asunto relacionado con la dictadura. Consultar el artículo: “Archivos y fuentes documentales del mundo concentracionario y penitenciario español”, Manel Risques, en el libro: “Una inmensa prisión”, C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequés, eds. Editorial Crítica. 2002.

12 “Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar”. Pedro Corral. Editorial Debate. 2005.

¿Un campo de concentración en Ronda?

Campos para doblegar al enemigo

En las fuentes consultadas se usa indistintamente el término campo de concentración, de clasificación o depósito de prisioneros, para designar a los lugares de internamiento masivo.

Al margen de la denominación del lugar, es conveniente aclarar a qué nos referimos al hablar de campo de concentración. Resultan inevitables las connotaciones que el término ha adquirido tras la segunda guerra mundial, hasta el punto de afirmarse que en España «no hubo campos de concentración», al entender como ejemplo de ellos a los campos de exterminio nazi. Si bien los campos de concentración franquistas no son comparables con aquellos en cuanto a la funcionalidad aniquiladora, no puede negarse la existencia de un centenar y medio largo de instalaciones usadas para la humillación y aniquilación ideológica del enemigo. Conviene señalar que en este tipo de instalaciones no se respetaron en forma alguna las normas de la Convención de Ginebra de 1929 para el tratamiento de prisioneros de guerra que España había suscrito: carecían por completo de las más elementales condiciones de vida, la asistencia legal era nula y se violentaba de forma continua a los internos con todo tipo de vejaciones morales y físicas.

Usaremos la definición de campo de concentración franquista que aporta el profesor e historiador Javier Rodrigo [Ref1]:
"Campo de concentración franquista: lugar de internamiento preventivo e ilegal establecido durante la guerra civil española por los militares sublevados contra el ordenamiento político republicano para recluir a sus prisioneros de guerra en aras de clasificarlos, determinar sus supuestas responsabilidades criminales político-sociales, reeducarlos y reutilizarlos en una red de trabajos forzosos denominada de Batallones de Trabajadores y, en la posguerra, de Batallones Disciplinarios."

En su libro “Cautivos”, Javier Rodrigo analiza de forma global el fenómeno concentracionario en la España de Franco, que arranca el mismo año de la sublevación militar y termina en 1946 con el cierre del campo de concentración de Miranda de Ebro. El autor ha podido esclarecer, a través de un laborioso trabajo en archivos y fuentes memorialistas, la articulación de la política estatal destinada a la separación y depuración de los elementos indeseables para el régimen naciente. El libro da detalles precisos acerca de la organización, de los procesos de clasificación, de las prácticas reeducadoras y de la miserable vida que sufrieron centenares de miles de defensores de la República sujetos a una arbitrariedad y brutalidad extremas.

Inicialmente los prisioneros capturados por las tropas de Franco fueron internados en cárceles o instalaciones militares. Sin embargo, a medida que el conflicto avanzó, estos centros quedaron rebasados y se emplearon plazas de toros, cines, frontones, colegios, monasterios, conventos, fábricas abandonadas o lo que fuera, siempre que estuvieran suficientemente alejados del casco urbano y tuvieran abastecimiento de agua potable. Pero tras la finalización de la Guerra Civil, el número de prisioneros desbordó todas las infraestructuras disponibles y se improvisó la utilización de cualquier tipo de edificio para internar a los casi 500.000 prisioneros republicanos capturados y que habían de ser depurados para ser admitidos en el proyecto “de la nueva España”.

Evidencias

La hipótesis de la existencia de un campo de concentración en la ciudad ha sido barajada por diversos historiadores sin que hasta ahora haya sido respaldada con suficientes pruebas documentales [Ref2]. Por fin, empiezan a conocerse evidencias documentales que no dejan lugar a dudas:
  • Un salvoconducto fechado el 3 de Mayo de 1939 en cuyo membrete y sello figura la leyenda "Tribunal provisional del campo de concentración de Ronda". El documento autorizaba al prisionero portador del mismo a desplazarse hasta su pueblo de origen, al haber sido clasificado en el apartado D y por tanto, en libertad provisional según las instrucciones dictadas a las Comisiones Clasificadoras de Prisioneros y Presentados. [Ref3]
Salvoconducto emitido en el campo de concentración de Ronda
  • El Archivo General Militar de Guadalajara guarda entre su abundante documentación varias carpetas agrupadas bajo la denominación “Prisioneros de guerra internados en campos o depósitos de concentración, batallones de trabajadores y hospitales militares de prisioneros de guerra” [Ref4]. El contenido de estas 6 carpetas son los expedientes y listados de un gran número de prisioneros con sus datos de filiación en estadillos mensuales o quincenales. Además se hace constar, en mayor o menor medida, las acusaciones o sospechas sobre su condición política o social, actuaciones durante la guerra, pertenencia a sindicatos o partidos políticos, encuadramiento en unidades republicanas, así como campo, batallón o prisión donde se encuentra. Y también se anota si están pendientes de clasificación por falta de avales o a la espera de Consejo de guerra.
    Estos estadillos procedían del Servicio de Información de la Guardia Civil. que eran los encargados de fichar y hacer las diligencias administrativas en los propios campos, remitiéndolas periódicamente a las Capitanías Generales o al propio Servicio de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP).
    En el listado correspondiente a la carpeta número 2, que data de Septiembre de 1939, figuran los nombres de 1728 prisioneros internados, entre otros, en el campo de concentración de Ronda.
  • El archivo de la Real Maestranza de Caballería de Ronda conserva un oficio de la Comandancia Militar de la ciudad, fechado el 11 de Abril de 1939, solicitándole formalmente la Plaza de Toros “para las atenciones del campo de concentración de esta Plaza”. [Nota 2]
    Sello estampado en el oficio
    Es posible que la Plaza de Toros de Ronda se usara como campo de concentración provisional debido a la saturación de prisioneros que produjo el final de la contienda y que llevó al colapso de las instalaciones usadas hasta el momento, como ya se ha dicho. El oficio no es claro y deja lugar a la interpretación de que se tratase de una ampliación de un campo de concentración ya existente.
  • En el artículo “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco” [Ref5], Javier Rodrigo ofrece una minuciosa relación de los campos de concentración franquista elaborada a partir de sus investigaciones en archivos militares. El campo de concentración de Ronda aparece citado como destacado en esta relación y se hace constar que funcionó durante el año 1939. Ronda también aparece citada dos veces en el libro “Cautivos” del mismo autor: una, en un listado con los campos y número de prisioneros del Ejército del Sur que se reproduce parcialmente a continuación. 




  • La segunda cita es la siguiente:
    “En el listado de campos de concentración que en marzo de 1939 se consideran de «reciente creación», vemos ante todo un crecimiento del número de centros en Andalucía. En San Lúcar, Antequera, Ronda, Cádiz y Sevilla (en esta última, tres campos) se habían instalado con la mayor brevedad centros de internamiento a las órdenes de las auditorías de guerra y bajo la supervisión de la ICCP” 
  • Esta brevedad con la que se puso en funcionamiento el campo de concentración de Ronda permite barajar la hipótesis de que efectivamente se usaron otras instalaciones preexistentes.

    ¿Dónde pudo ubicarse?

    Ciertas fuentes orales sitúan el campo de concentración rondeño en las cercanías de la Dehesa, muy cerca del actual campamento de la Legión, aunque sin concretar más su localización. Esas mismas fuentes sostienen que dicho campo de concentración funcionó por espacio de al menos un año y donde habría hasta 2000 prisioneros, lo que coincide con las investigaciones del profesor Rodrigo. Otros testimonios ubican al campo en el lugar conocido como “los Palúdicos”, aledaño a las instalaciones militares antes mencionadas.

    El análisis "temporal" de la zona mediante sistemas de información geográfica revela una inquietante huella. En los vuelos aéreos de los años 46 y sucesivos puede apreciarse una concentración de hasta 18 construcciones en ésa área [Nota 2].

    Construcciones en el área de los Palúdicos, procedente de la ortofoto del vuelo americano (1956).

    El origen de estas construcciones es un misterio. Es posible que procedan de una etapa anterior a la Guerra Civil, concretamente al año 1918. Entonces el Jefe de Sanidad Militar del Ejército de España en Marruecos envió una propuesta al Ministerio de la Guerra para la creación en Ronda y Granada de sanatorios para soldados afectados de paludismo, enfermedad muy frecuente en las filas del ejército español en el Norte de África [Ref 6]

    Lo que sí aseguran algunos testimonios es que a finales de los años 50 aún quedaban en pié 6 u 8 de estas construcciones, mientras que de otros barracones sólo quedaban sus basamentos de hormigón.

    Hoy estas huellas físicas están prácticamente “borradas”, aunque aún quedan restos de los barracones en las inmediaciones del lugar, a pesar que la zona se remodeló completamente tras la reconstrucción de la carretera A376, en el año 1981.

    Lugares de la Memoria


    En general, el desinterés de las administraciones ha mantenido en el olvido a estos campos de concentración y centros de internamiento de trabajadores esclavizados (ni siquiera una placa recuerda en el Valle de los Caídos en qué condiciones y quiénes construyeron el mausoleo de Franco). Sin embargo, esta práctica memoricida es una oportunidad perdida: estos lugares de la Memoria no deberían ser escondidos o destruidos porque son representativos de una realidad y forma parte de nuestra peor Historia. De esa que es preciso tener presente, aprender de ella y asimilarla para no repetirla.

    Notas:

    [Nota 1] Desconozco si hubo respuesta a esta solicitud, aunque los testimonios recabados dan por hecho su utilización.

    [Nota 2] Para ver el estado actual del lugar y una vista aérea histórica, sírvanse consultar la dirección: Una inquietante huella: Los Palúdicos

    Referencias:

    [Ref 1] “Cautivos. Campos de concentración en la España franquista 1936-1947”, Javier Rodrigo. Editorial Crítica, 2005.

    [Ref 2] “Málaga 1937. El año de Némesis”, de Lucia Prieto y "Fuera del reino de la cordura...represión en Málaga, 1937-1939". Encarnación Barranquero Texeira. En la revista Represión franquista de Andalucía editado por la Asociación Memoria Antifranquista del Baix Llobregat. 2011. “Entre el cielo y la tierra. La represiónfranquista en Málaga”. Manuel Morales Muñoz. Baetica. Universidad de Málaga. 2008.

    [Ref 3] "Memorias de Ronda", nro. 7, Marzo 2011, pp. 67. Faustino Peralta. (Número especial dedicado a la Guerra Civil en Ronda).

    [Ref 4] “Prisioneros de guerra internados en campos o depósitos de concentración, batallones de trabajadores y hospitales militares de prisioneros de guerra”. Archivo General Militar de Guadalajara. Listados de prisioneros, caja 1, carpetas 1 a 6. F. J. López Jiménez. Marzo 2004.  (Consultado en línea el 23 de Febrero de 2017)

    [Ref 5] “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco”, Javier Rodrigo. (Consultado en línea el 20/Febrero/2017)

    [Ref 6] “Militares, moros y mosquitos. El paludismo en el protectorado español en Marruecos (1912-1956)”. Jorge Molero Mesa. En La acción médico-social contra el paludismo en la España metropolitana y colonial del siglo xx. CSIC 2003. pp. 336. Consultado en línea el 20 Febrero 2017.

    Los Palúdicos: una inquietante huella

    Instrucciones para una visita al área de los Palúdicos

    Los Palúdicos o la fuente de los Palúdicos, como también se ha conocido a este enclave tiempo atrás, debe su nombre a la existencia de un Sanatorio para soldados de las campañas de África enfermos de paludismo. En el catastro de finales de los años 40 aparece claramente identificado como "Santaorio antipalúdico":


    Sin embargo, este enclave también era sospechoso de albergar el campo de concentración de Ronda. Por ello me he adentrado en la zona para inspeccionarla sobre el terreno.

    Descripción de la zona: área aledaña al Campamento de la Legión, en la antigua C-339 entre Jerez y Ronda a la altura del Pk. 116/117; en la actualidad se denomina A376 o popularmente, carretera de Sevilla. La carretera fue remodelada en 1992  y en el nuevo trazado el área presenta una curva sobre un gran talud.

    Visita in situ:
    "Tomar el desvío de la A376 del Llano de la Cruz-Parada de Sementales-Polvorilla. Dejar el coche ahí o en el resto asfaltado de la carretera que ya no se utiliza. Cruzar con cuidado porque hay mucha circulación la carretera actual y bajar a un hondón que está rodeado por la nueva curva actual que queda en lo alto de un talud. Pues ahí abajo, dentro del interior de esa curva resulta fácil ver los restos del suelo de hormigón, que exactamente corresponden al suelo donde se asentaban unos barracones".
    También puede apreciarse la superficie de hormigón referida al pasar en coche subiendo en dirección hacia Ronda (Construcción 1). Hay otra construcción al otro lado de la carretera (Construcción 2) algo más escondida que sólo se aprecia a pie.

    En este enlace puede verse a vista de pájaro y desde ángulos diferentes


    En el portal idemap se ve más cerca y además se puede girar la vista con los controles que están arriba a la izquierda.

    Esta es una imagen actual de la "Construcción 1" tomada desde la carretera:


    A sólo unos metros de distancia, este es el aspecto de ése basamento:



    En el otro lado de la carretera encontramos la señalada como "Construcción 2":


    Una foto cercana rebela que la construcción es un antiguo depósito de agua:


    Área de los Palúdicos en el año 1946 y posteriores

    Hoy poca parte de estas construcciones permanece ya en pie. Pero el tiempo no ha conseguido borrar totalmente estos restos, aún podemos hacernos una vaga idea de lo que pudo ser el lugar usando las fotos aéreas procedentes de los Sistemas de Información Geográfica históricos consultados (vuelos fotogramétricos de fechas 1946, 1956 y 1973).

    Esta es la vista del lugar, en ella unas 18 construcciones, vuelo americano 1956.

    En esta imagen de 1956 pueden apreciarse hasta 18 edificaciones. El lector buen observador podrá apreciar hasta los mismos árboles en determinadas zonas. Es posible acercarse un poco más, aunque la calidad de la imagen se degrada bastante.
    Así que volemos en el tiempo al año 1971... 

    El tiempo ya va haciendo notar la degradación de las construcciones

    Visitar los Palúdicos e
    n el visor histórico de idmap.



    Pero, ¿son estos los restos del campo de concentración en Ronda?


    No, definitivamente he descartado esa hipótesis. Gracias al testimonio de Manuel R. M. que, cuando tenía diez años, vivía en una casa de campo frente al cercado a la intemperie donde apresaron a un número indeterminado de personas. Manuel sitúa dicho campo un par de kilómetros más abajo, junto al actual campamento de la Legión.

    Y entonces, ¿qué eran los Palúdicos?

    El origen de estas construcciones es desconocido. Es posible que procedan de una etapa anterior a la Guerra Civil, concretamente del año 1918. Entonces el Jefe de Sanidad Militar del Ejército de España en Marruecos envió una propuesta al Ministerio de la Guerra para la creación en Ronda y Granada de sanatorios para soldados afectados de paludismo, enfermedad muy frecuente en las filas del ejército español en el Norte de África [Ref1].

    Lo que sí aseguran algunos testimonios es que a finales de los años 50 aún quedaban en pie 6 u 8 de estas construcciones, mientras que de otros barracones sólo quedaban sus basamentos de hormigón.

    Hoy estas huellas físicas están prácticamente “borradas”, pero aún quedan restos de los barracones en las inmediaciones del lugar, a pesar que la zona se remodeló completamente tras la reconstrucción de la carretera A376, en el año 1981.

    Notas

    [Ref1] “Militares, moros y mosquitos. El paludismo en el protectorado español en Marruecos (1912-1956)”. Jorge Molero Mesa. En “La acción médico-social contra el paludismo en la España metropolitana y colonial del siglo XX”. CSIC 2003. pp. 336. Consultado en línea el 20 Febrero 2017.

    Ronda 1936: 80 Aniversario del Golpe de Estado

    Todos los artículos del blog en un único documento Pdf

    Un documento único conteniendo las referencias y notas agrupadas y enlazadas con las fuentes citadas.


    La represión franquista

    (Serie de artículos "Ronda 1936: 80 aniversario del golpe de estado")
    Continuación del articulo Violencia revolucionaria y represión en la ciudad (1ª parte)

    La lucha por Ronda.

    Finalmente las tropas que esperaba el Registrador confluyeron a las puertas de Ronda el 16 de Septiembre desde tres puntos y quedaron al mando del general africanista Varela para el asalto. El comité de Defensa había fortificado las entradas a la ciudad con alambradas electrificadas y varias construcciones defensivas para impedir el avance enemigo. Contaban con una fuerza de 885 hombres, no todos armados, de los cuales dos tercios eran milicianos. Sin embargo, según recoge el informe realizado el 15 de Septiembre por el comandante de Infantería, Francisco Mejide, leal a la República y al mando de las fuerzas defensoras, sólo había 164 efectivos en la plaza si se descontaban los destacados en otros servicios.

    Informe de efectivos en Ronda el 15 de Septiembre
    Archivos de Varela, Cádiz.

    Por la mañana la aviación rebelde bombardeó la ciudad, cortando el flujo eléctrico a las alambradas. Los asaltantes, muy superiores en número y experiencia, tras cierta resistencia se impusieron rápidamente.

    Varela comunicó al día siguiente a Queipo el parte de guerra en el que daba cuenta de haber causado a los enemigos numerosos muertos y que la resistencia había huido a la desbandada. Por su parte, el capellán castrense de la columna Redondo, Bernabé Copado, reconocía la matanza que el ejército sublevado realizó en Ronda:
    “... fue tan rápida la ocupación de la ciudad, que a muchos forajidos no les dio tiempo a ponerse a salvo y pagaron con la muerte...” [Ref3]
    En esos primeros meses de lucha, el procedimiento habitual era la aplicación del bando de guerra con el que se “legalizaba” la eliminación apresurada de alguien, sin control ni garantía legal de ninguna clase. [Nota2].

    Tras la ocupación la ciudad quedó a merced de los mercenarios del Tabor de Regulares y de algunos paramilitares fascistas que se tomaron la justicia por su mano, saqueando, violando y asesinando con absoluta impunidad a quien fuera denunciado de haber colaborado con los “rojos”.

    Dicho caso queda perfectamente ilustrado por el comportamiento del hermano del referido Secretario del Ayuntamiento. Agustín Carande, destacado dirigente falangista extremeño, se enteró de la muerte de su hermano el 17 de Septiembre del 36 y se desplazó hasta Ronda con el también falangista Manuel Martín Infante, un delincuente manifiesto. Las actividades de saqueo y abuso a las que se dedicó Carande junto con un grupo de falangistas de la ciudad se recoge en un auto de procesamiento abierto por el Juzgado Militar de Badajoz. Entre los documentos aportados a la causa contra Carande y otros por un asunto relacionado con una estafa de joyas, figura un informe reservado del delegado de la Jefatura Territorial de Falange de Sevilla, Luciano Borrego Cabeza, en el que denuncia la conducta del extremeño en unos términos muy duros. Según el delegado sevillano, Carande fue a Ronda para recoger el cadáver de su hermano allí asesinado,
    “y lo que hizo fue vengar la muerte de aquel, y quizás por la natural excitación de la muerte de su hermano no fue todo lo justo que la Falange requiere a sus miembros, y dejándose dominar por ese estado de nervios practicara ejecuciones injustas; y tal muerte le sirvió de pretexto para intervenir joyas en un valor aproximado de seiscientas mil pesetas”. [Ref3]
    A partir del 17 de Septiembre de 1936, Ronda fue el centro de operaciones de las columnas de Redondo, Corrales y del tercio Mora-Figueroa, que tomaron pueblo tras pueblo y que traían hasta la ciudad a sus prisioneros para ejecutarlos en aplicación del bando de guerra [Nota3].

    La represión franquista. 

    A mediados del año 37 el bando de guerra fue abandonado por las autoridades militares como sistema “legal” para efectuar la represión, y se ideó otra forma menos expeditiva de eliminar a “los enemigos de la Patria”. Se concibió un marco jurídico para castigar a todo aquel que no hubiera cooperado con la rebelión militar o cuya inacción hubiera podido entorpecer su triunfo. En los Consejos de Guerra sumarísimos celebrados por aplicación de esta nueva “legalidad” se afirmaba sin rubor lo siguiente:

    “Frente al estado de anarquía que imperaba en todo el territorio nacional, con manifiesta infracción de los principios en que ha de basarse todo régimen legal y civilizado, el ejército hubo de asumir el poder, previa la declaración del estado de guerra, y quedó por ello constituido en el único Gobierno legítimo que podía y puede dirigir los destinos de la Patria afirmando su propia existencia. Fue entonces cuando los facciosos marxistas procedieron en su actuación contra el ejército, alzándose en armas en distintos lugares del país y promoviendo de esta manera un movimiento revolucionario que revistió los caracteres de una rebelión de tipo militar...”
    Tal aberración jurídica permitió condenar a muerte a cientos de milicianos por haberse alzado en armas contra el Gobierno legítimo del Estado español, calificando la actuación como delito de rebelión militar. Y en la práctica, cualquiera que hubiese pertenecido al Comité de un pueblo donde hubieran muerto derechistas eran condenados a muerte, aunque el acusado no hubiese participado en los mismos, no tuviera conocimiento o no se hubiera opuesto a los mismos.

    Uno de los últimos bocetos del pintor sueco Torsten Jovinge,
    muerto en extrañas circunstancias en Sevilla en Julio del 36.
    El auditor militar de la represión para Andalucía y Extremadura, Francisco Bohorquez, dictó instrucciones para los integrantes de los tribunales en los Consejos de Guerra y sentó el principio de que:
    “todos los apoderados e interventores del Frente Popular en las elecciones del 36, tenían que ser procesados, determinándose en el acto del juicio oral, por la impresión que en el Tribunal causara la cara de los procesados, quienes debían ser condenados y absueltos.” [Ref4]

    ¿Un campo de concentración en Ronda?

    Una buena parte de los rondeños refugiados en San Pedro o en cortijadas cercanas volvió a la ciudad a finales de Septiembre creyendo en las promesas de perdón para todos los que no hubiesen cometido delito de sangre. Se encontraron en cambio presos y sometidos a una sistemática depuración que habría de durar años.

    Tras la ocupación de Málaga las detenciones se contaron por millares, se desbordaron las prisiones y se habilitaron campos de concentración en Torremolinos, Alhaurín o Antequera. En ellos se procedía a una minuciosa clasificación de los prisioneros y de allí sólo se salía para ir a la cárcel, al piquete o la libertad [Ref6].

    Otro caso similar fue el ocurrido a principios de Noviembre en La Sauceda de Cortes, donde las fuerzas franquistas perpetraron una matanza indiscriminada contra un numeroso grupo huido de las zonas ocupadas de la Sierra de Cádiz. Allí se ubicó otro de los campos de concentración franquista en el cortijo de El Marrufo, en cuyas cercanías se halla una de las mayores fosas comunes de Andalucía.

    En Ronda hay constancia de Consejos de Guerra celebrados en la ciudad a partir de Marzo de 1937. En las referencias consultadas algunos autores señalan la existencia de un campo de concentración para dar cabida a mucha gente, otros lo apuntan como sólo posible. No es de extrañar que así fuera dada la magnitud de la represión que se aplicó en Ronda al haberse significado como “rebelde” [Nota4]. Lo cierto es que el cuartel de la Concepción dio cabida a muchos de los presos que no cabían en la cárcel y que de allí partían para ser ejecutados a las tapias del cementerio de San Lorenzo.

    La guerra en Ronda dejó terribles consecuencias. Tanto que es un tema todavía incómodo para muchas personas, y creen que es mejor no hablar de ello. Pienso, en cambio, que siempre es momento para aprender de los errores pasados y enseñar a nuestros hijos a evitar que se repita una historia de odio y violencia como la de nuestra Guerra Civil. De nada sirve ocultar la verdad. Es preciso conocer los hechos y evitar que vuelvan a producirse, bajo ningún pretexto.

    Notas.
    [1] La lista de las personas muertas con violencia en Ronda durante esos dos meses de revolución está compuesta por un total de 133 nombres, si consideramos como bueno el exhaustivo conteo que realizó Nadal [Ref5] atendiendo a las declaraciones recogidas en la Causa General.
    [2] Un ejemplo del modus operandi de los rebeldes en buena parte del suroeste español fue la matanza tras la ocupación de Badajoz, donde fueron masacradas miles de personas. Cuando el periodista John T. Whitaker, del New York Herald Tribune, interrogó al general Yagüe sobre lo sucedido, esta fue su respuesta:
    “Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” [Ref7]
    [3] 17 de septiembre: El Gastor y Villaluenga del Rosario, 18 de septiembre: Arriate, Alcalá del Valle y Setenil, 24 de septiembre: Benaoján y Montejaque, 26 de septiembre: Cortes de la Frontera, 27 de septiembre: Jimera de Libar, 28 de septiembre: Atajate, Algatocín y Gaucín.
    [4] En el momento de escribir estas líneas, algunos testimonios orales dan por cierta la existencia de un campo de detención en La Dehesa (ver Comentario 2 de este mismo artículo)

    Referencias.

    [1] “Objetivo Ronda”. Manuel Velasco (coordinador). Editorial Aconcagua.
    [2] “Memoria de 27 días”. Carlos García Mouriño. Ed.: viuda e hijos de Mouriño. 1937.
    [3] “Con la columna Redondo, combates y conquistas”. Bernabé Copado. Imprenta Gavidia. Sevilla. 1937
    [4] “La justicia de Queipo”. Espinosa Maestre.
    [5] “Guerra Civil en Málaga”. Antonio Nadal.
    [6] “El holocausto español”. Paul Preston. Editorial Debate. 2011.
    [7] Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Badajoz. 24-9-2016.
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